El silencio

Por días acepté el silencio como parte de mi normalidad, incluso fuimos tan próximos que comencé a disfrutarlo. Entendí que lejos de ser mi enemigo, era un aliado que simplemente debía interpretar. 

En el silencio grité tanto que me rompí al punto de comenzar a emitir sonidos y cuando me di cuenta estaba estaba rodeada de absurdos ruidos, porque fuera de ser una melodía dichos sonidos eran turbulentos y cuál enjambre furioso zumbaba clamando por ser interpretado.

Hoy, después de desbordar nuevamente el barco con la turbulencia de mis sentimientos, me reencuentro nuevamente con el silencio, y en él lloré como una niña al perder un dulce.

Hoy me doy cuenta que soy más fuerte pero me permito ser humana, descubro nuevamente que amo mi silencio porque de él aprendo, pero odio desde lo más profundo el tuyo ya que por mas que intento cada vez que se hace presente caigo derribada porque este se transforma en un laberinto imposible de descifrar. 



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